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Teniente
Coronel Jorge Luis Fontana
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Luis Jorge Fontana quien adquirió la estatura de un protagonista de los tiempos clásicos. Vaya un ejemplo, un escueto telegrama enviado al Presidente de la República: "Estoy en Rivadavia. Queda el Chaco reconocido. He perdido el brazo izquierdo en un combate con los indios, pero queda otro para firmar el plano del Chaco que he completado en esta excursión. Luis Jorge Fontana". La respuesta no se hizo esperar, el general Roca, a la sazón Ministro de Guerra, contestó: "El misionero de la civilización y el progreso de la República marca con su sangre la huella del hombre libre a través del Gran Chaco. Su brazo mutilado señala ya y para siempre el rumbo verdadero que seguirán las generaciones en busca de territorios feraces donde reunirse para constituir grandes pueblos. Su vida ya está seriamente vinculada a la solución de uno de los más grandes problemas de la Patria: la conquista y la población del Chaco, esa gran sombra en el mapa luminoso de la República. Ardientemente felicito y anuncio su ascenso: Julio A. Roca."
El coronel Luis Jorge Fontana nació en Buenos Aires el 19 de abril de 1846, una época signada por los conflictos internos y externos, donde los mejores recursos humanos de cada generación se destinaban al ejercicio de las leyes o a la disciplina de la milicia. Salvo excepciones, la investigación científica era, por lejos, una excentricidad. Era natural que siendo hijo de un abogado que había sido uno de los secretarios de Rosas -, tras una estimulante infancia en Carmen de Patagones, el joven Luis eligiera el camino inverso e ingresara en la Comandancia Militar De Río Negro con tan solo 13 años de edad. Pero el imponente espectáculo de la naturaleza patagónica ya le había calado el alma. La guerra del Paraguay lo sorprendió sirviendo en la Armada, donde con el rango de guardiamarina asistió a distintas acciones bélicas, siendo distinguido en ellas por el capitán Muratore. Sin embargo, su verdadera vocación había despertado en la contemplación de las infinitas llanuras de la Patagonia, a las cuales, años más tarde, regresaría para fundar pueblos, establecer colonias y relevar un territorio para el hombre blanco absolutamente desconocido. De regreso a la vida civil fue discípulo de German Bursmeister, bajo cuya dirección profundizó sus conocimientos en física, astronomía y ciencias naturales. Trabajó en el Museo de Buenos Aires y en 1870 integró una comisión que reconoció los ríos Limay y Neuquén. Bursmeister ya lo consideraba "suficientemente iniciado en los misterios de las ciencias naturales", siendo en esta ocasión que se vio obligado a involucrarse en varios combates con los indios. Revistó luego en las filas de ejército y fue Secretario de la Gobernación del Chaco, exploró el Bermejo e hizo relevamientos de la zona que por entonces disputábamos con el Paraguay. En 1879 fundó la ciudad de Formosa y un año más tarde realizó una exploración entre esta localidad y Salta. Es en 1881 cuando hace aparición "El Gran Chaco", con prólogo de Nicolás Avellaneda, tal vez, su principal obra. En 1882 exploró el Pilcomayo y dos años después se convirtió en el primer gobernador del Chubut. Diez años fue la duración de su fecunda gestión, donde ejerció con similar pericia el manejo del sable, el microscopio, el sextante y el teodolito. Recorrió en viaje de exploración más de mil setecientas leguas de la región, abarcando desde Rawson a la cordillera y desde el río Chubut hasta el límite de Santa Cruz. No en vano su biógrafo, Lorenzo Amaya, lo bautizó con el acertado título de "Territoriano". Designado para comandar una expedición hacia la cordillera, en busca de la región misteriosa y paradisíaca que los indios habían descrito verbalmente a los galeses que vivían en la colonia de Gaiman, cerca de la costa atlántica, Fontana nos relata en su "Viaje de exploración en la Patagonia Austral" las características de aquella legendaria expedición en la cual tomaron parte seis rifleros de la Compañía del Chubut, dos alemanes, un norteamericano y diecinueve galeses. En octubre de 1885 marcharon siguiendo el curso del río Chubut a través de la desolada meseta central, realizando interesantes observaciones sobre la fauna y la flora, el clima y toda característica que hiciera viable el asentamiento humano. Luego de innumerables esfuerzos, descubrieron el valle que Fontana denominó "16 de octubre". Fontana entregó las tierras a los colonos galeses en febrero de 1888. Dar tierra en heredad parecía la premisa básica de un gobierno que practicaba al pie de la letra el apotegma alberdiano "gobernar es poblar". Los beneficiarios luego de algunas dificultades iniciales, no tardaron en adaptarse a la nueva región y el valle comenzó a prosperar. Tras encabezar una de las comisiones demarcadoras de límites con Chile, se estableció en 1900 en la localidad de Desamparados, San Juan. Fue allí, sucesivamente, jefe de milicias, del Registro Civil y de Policía, director del Museo Provincial y presidente del Consejo General de Educación. Fundó y dirigió el diario "La Ley" y creo el primer observatorio de la provincia. Sus principales trabajos escritos, aparte del citado "El Gran Chaco", fueron: "El arte de embalsamar y las momias egipcias y peruanas del museo público" (1870); "Nociones de fisiología botánica aplicada a la agricultura" (1874); "Explicación al plano general del Gran Chaco" (1882); "Viaje de exploración al río Pilcomayo" (1883); "Viaje de exploración a la Patagonia Austral" (1886); "Estudio sobre el caballo fósil" con prólogo del general Mitre; "Horas zoológicas"; "Sismología antigua y moderna"; "El clima de San Juan"; "Los cuadrúpedos y las aves de la región andina"; "Enumeración sistemática de las aves" (Mendoza, La Rioja y Catamarca 1908), "Ad Ovo" (trabajo sobre prehistoria, que editó en San Juan en 1912); "Fisiografía vegetal", y otros estudios, de diversa índole científica, que no conservó la propia familia del autor, ni existen tampoco en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. |