Arbol Genealógico Vega

Oscar Vega Balzarini - 30 de Setiembre de 1932 - 28 de Junio de 1985

Padre
Felipe Vega Reimil
Madre
Catalina Balzarini Perazzo

casado Lilian Nelida Ossorio Bataglia

Partida de Casamiento: SECCION 4 Y 5 .TOMO Primero . REGISTRO CIVIL. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Vega Balzarini Oscar Con Ossorio Lilian Nélida NUMERO cuarenta y nueve En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a siete de Enero de mil novecientos cincuenta y ..cuatro ante mí, Jefe de Sección del Registro del Estado Civil, comparecieron: Oscar Vega Balzarini. De veintiún años, de nacionalidad argentina.De profesión militar de estado soltero Hijo de Felipe Vega. De nacionalidad argentina de profesión jubilado. Domiciliado en la mima casa que su hijo Y de Catalina Balzarini De nacionalidad argentina de profesión ama de casa. Domiciliada en la misma casa que su hijo. Y me manifestaron que querían desposarse en presencia de los testigos que a continuación se indicarán, quienes declararon que respondían de la identidad de los futuros esposos y los creían hábiles para casarse. No habiéndose deducido oposición, presentado que me fue el certificado de la ley número doce mil trescientos treinta y uno, que queda archivado bajo el número de esta acta, leí a los comparecientes los artículos pertinentes del Código Civil y después de recibir la declaración de los contrayentes de que se tomaban recíprocamente por esposos, los declaré en nombre de la ley, unidos en matrimonio, ante los testigos: Héctor Felipe Vega de veintisiete años, de estado casado De profesión militar domiciliado en Arregui, tres mil trescientos treinta y nueve Ana María Mendoza de Vega de treinta .años, de estado casada de profesión .domiciliado en casa del anterior. Presentes los padres de los menores prestaron su consentimiento para este acto. Leída el acta la firmaron conmigo los esposos, los padres de los menores y los testigos. José J. c. Valenti. Jefe de Sección. Registro Civil

Nacionalidad
Argentino
Nacimiento:
Viernes 30 - Septiembre 1932 a las 02.30
Número mil doscientos noventa y uno. En la Capital de la República Argentina a once de octubre de mil novecientos treinta y dos ante mí Jefe de la Sección Villa Devoto del Registro: Felipe Vega de treinta y un años, casado, argentino, domiciliado, Arregui tres mil trescientos treinta y nueve, hijo de Juan Felipe Vega y de María Reimil, declaró que el treinta de septiembre último a las dos y treinta nació el varón Oscar; en su domicilio a quien vi, hijo legítimo de él y de Catalina Balzarini de veinte y nueve años, argentina, hija de Juan Balzarini y de María Perazzo. Leída el acta la firmaron conmigo el declarante y los testigos: Aguiles Bertiller de treinta y siete años, casado y Luis Vega de veinte y nueve años soltero domiciliado en la misma casa.
Lugar
en Arregui 3339 Buenos Aires
Defuncion
28 Junio de 1985. Ultimo domicilio Zamudio 4685. Buenos Aires.
Profesion
Militar. Mayor (Retirado) Ejercito. Arma de Infanteria. Andinista. Ingeniero Balistico Militar. Profesor Universitario y Secundario. Posteriormente Jefe de Laminacion en Fabrica Aceros Gurmendi. Ultimo: Jefe Seguridd Operativa EMGE
Hijos/as
Alejandro Vega y Liliana Vega
 
Autobiografia de Oscar Vega - Escrita en 1983. Relatos de Infancia del Periodo 1932-1945
Nunca me preocupé en preguntarle a mi padre cómo se le ocurrió o mejor dicho por qué decidió comprar un terreno en Villa del Parque, sobre el que posteriormente se construyó la casa en que nací. Supongo que trabajando en el FC Buenos Aires al Pacífico (F.C. San Martín) debe haberse enterado de la venta de terrenos en la que entonces era un descampado.

Tanto lo era que viviendo sus padres en Caballito, él fue desde allí hasta Villa del Parque, a caballo. Siguió para ello el recorrido del tranvía 84, cuya vía seguía de la calle Neuquén a Oroño, Gaona, Nazca, Nogoyá, Helguera, Nazarre y Cuenca. Desde allí donde era su parada retornaba por Cuenca, Nogoyá, Nazca y el mismo recorrido hasta llegar a José María Moreno y Rivadavia, que era su otra terminal.

Pensemos que todas las calles por aquel entonces eran de tierra. Sobre la avenida Nazca había un puente que cruzaba el arroyo Maldonado (hoy se encuentra entubado y por arriba corre la Avenida Juan B. Justo).

Lo cierto es que mi padre compró en Arregui 3339 un terreno de 8,66m x 50m alrededor del año 1930. En el mismo comenzó construyendo un dormitorio, baño y cocina. Con los años la casa fue completándose. Mucho antes de eso, el 30 septiembre de 1930 naci, en esa casa.

Mi hermano Héctor ya existía cuando mis padres se mudaron a ella. Contaba mi madre que mi parición fue rápida y sin problemas, y que durante el parto mi hermano Héctor durmió sobre la mesa de la cocina. Años después, siendo yo muy niño, recuerdo que la calle no estaba asfaltada, que las veredas consistían en un camino de ladrillos, que al borde de la calle y la "vereda" corría una zanja en la que se vertían las aguas de lluvia.

Un día estaba todo "emperifollado", puesto que iba a ser llevado por mi madre a pasear. Mientras ella se terminaba de acicalar, yo jugaba en la vereda con algún amiguito. Lo cierto es que no sé cómo terminé dentro de las aguas estancadas de la zanja. Me sacaron y entré a la casa llorando para ser bañado y cambiado de ropa nuevamente por mi madre, quien tuvo a su vez que cambiarse nuevamente para poder rescatarme de tanta inmundicia que traía encima.

Por aquel entonces mi abuelo paterno había fallecido. Mi abuela paterna continuaba viviendo en Mendes de Andes 874 en caballito. Años después, alrededor de 1940, recuerdo cuando por la puerta de casa pasaba un vasco arriando a pie una yunta de vacas, una de las calles tenía un cencerro, y 3 o 4 terneros y terneritos. La gente lo llamaba y le compraba leche que él ordeñaba a la vista del cliente. Después seguía su camino de vendedor.

Este insólito espectáculo, para la época actual, era para mí por aquel entonces algo tan familiar que si me detenía a mirarlo era porque algunos de los terneros hacía alguna cabriola llamativa.

A la altura del actual pasaje Martín Pescador entre Llavallol y Teodoro Vilardebó, cruzaba la calle Arregui un pequeño arroyito que tomaba bastante agua cuando llovía, pero no recuerdo donde nacía ni dónde moría. También recuerdo que entre la Avenida Jonte y Lascano y desde Llavallol a Emilio Lamarca (entonces se llamaba Oran) existía una extensión de tierras que se prolongaban casi hasta Bahía Blanca a la calle siguiente.

En esas tierras existía todavía el casco de lo que había sido una estancia o una chacra. De un costado de la pared de la casa colgaba todavía una campana. Mi padre me contaba que era para llamar a la peonada a la hora de comer. Pero ya en esa época no había peonada ni estancia, ni chacra.

Sólo existían del otro lado de Emilio Lamarca varios hornos de ladrillos que se hacían con toda la técnica primitiva del pisadero de barro con caballos, secadero al sol y por fin horneado. Mi padre me decía que el problema de esos terrenos era que iban a quedar bajos e inundables por la cantidad de tierra que le sacaban.

Varios años después desaparecieron los hornos de ladrillos y en esos vastos terrenos se hicieron muchas canchas de fútbol, una al lado de la otra, las cuales se alquilaban para que la muchachada jugara sus partidos. Tendría yo 8 a 10 años cuando con Héctor y mi padre, los domingos por la mañana, íbamos caminando hasta ellas para ver jugar esos partidos entre equipos sin representatividad pero integrados por apasionados jugadores.

En estas oportunidades esos terrenos servían para que nosotros mismos paleteándonos una pelota ante la mirada aburrida de mi padre. Hoy en esos terrenos se levanta un conjunto habitacional construido por el "Hogar Obrero".

La tecnología urbanística y contractiva ha hecho que si los terrenos quedaron bajos, uno no lo note porque los departamentos seguramente no se inundan. Como habría de superarlo mi padre cuando por aquella época los edificios de cualquier barrio eran en su mayoría casas de una sola planta construidas a lo largo del terreno y los edificios más lujosos eran normalmente de planta baja y primer piso y el único rascacielos de Buenos Aires era el Kavanagh!

Por entonces hacía poco había pasado por Buenos Aires el Zeppelín y en Europa recién se iniciaba la Segunda Guerra Mundial! Son innumerables los oficios que han desaparecido en el término de una generación. También grande es el números de cosas que en el mismo término, o sea dos o tres decenas luego de ser realidad como solución de una circunstancia desaparecieron en el recuerdo.

Trataré de rescatar algunas en el mío. Supongo que las primeras que puedo acordarme han de ser a partir de 1940 cuando yo tenía cerca de 8 años. Por ese entonces por la Avenida Nazca circulaban dos líneas de tranvías la 83 y la 84.

La avenida encontraba empedrada con excepción de su centro que formando un cantero enmarcado por cordones de granito contenían los dos carriles de vías por los que transitaban dichos tranvías manteniendo la mano izquierda. En ese entonces todo el tránsito se hacía a mano izquierda.

La actual avenida Juan B. Justo no existía dado que la misma era el cauce del arroyo Maldonado. Este era cruzado por los tranvías por un puente de hierro. Cuando las lluvias eran seguidas y fuertes, el arroyo llevaba un caudal respetable. Hoy día corre entubado debajo de la Avenida Juan B. Justo cuyas veredas por un decreto son todas rosadas por así haberlo dictado una mayoría del Consejo Deliberante en honor de J.B. Justo quien fue un líder socialista. Por los años 50 la avenida fue nominada 17 de octubre por el gobierno municipal peronista hasta 1955 en que la Revolución Libertadora le devolvió su antiguo nombre.

Lo mismo que a esta avenida les aconteció a la Provincia de La Pampa, la ciudad de la Plata y muchas ciudades, plazas y edificios que llegaron a llamarse Eva Perón o Evita; o la Provincia del Chaco la estación Retiro, y muchísimas avenidas, plazas, edificios, que llegaron a llamarse Presidente Juan Domingo Perón. Hasta que llegó la citada revolución.

Pero hablábamos de las lluvias y en Villa del Parque por aquella época había muchísimas calles sin pavimentar. Por lo tanto no había desagües pluviales ni tampoco chacras. Las calles podían llegar a inundarse. El desagüe de las lluvias se canalizaba por zanjas que corrían a cada lado de la calle. Estas zanjas iban canalizándose según las pudientes de las calles hasta llegar a los pequeños arroyos que eran afluentes de los grandes (Maldonado, Cildañez, etc) que a su vez llegaban al Río de la Plata o Riachuelo.

Esas zanjas podían cruzarse, para pasar de una vereda a la otra, por puentes de circunstancias, tablones, etc., que la mayor o menos preocupación de los vecinos colocaba frente a su casa. De este modo los proveedores lecheros, verduleros, sifoneros, escoberos, podían ser accedidos por las amas de casas si era necesario acercarse al puesto ambulante para seleccionar verdura o fruta o permitía que el vendedor se acercara a la puerta de la casa a entregar su producto. Así pasaba con el lechero.

El que yo recuerdo era vasco. Llevaba una boina negra, baja a la cintura y sobre la misma un ancho cinturón de cuero con varios bolsillos con tapa del mismo material donde depositaba los pagos que recibía (¿) y de ruedas más chicas que las traseras. Vendía todo tipo de verduras y de frutas. Para ello su carro era el mostrador de la mercadería.

La fruta se vendía por docenas: una docena de naranjas, de bananas, o bien un kilo de uvas. Para estos casos tenían una balanza denominada romana. Consistía en un plato colgado de unas cadenitas de una barra de acero que era sostenida por la mano izquierda del vendedor mediante una argolla.

Del otro lado de la barra que estaba graduado se desplazaba una pesa que equilibrando al platillo determinaba el peso de la mercadería. Generalmente los verduleros eran italianos, los lecheros españoles, así como los panaderos.

Estos también solían hacer el reparto en unos carritos de un solo eje similar al de los lecheros. Pero en su caso el carro era todo cerrado con chapas por detrás y los costados, soliendo tener unas ventanitas de vidrio ovalados, a los costados y atrás.

Estos carros solo los tenían las panaderías grandes que poseían hornos de panadería, y que vendían el pan a panaderías, que no tenían horno. El reparto lo hacían con este carrito en el que transportaban las canastas llenas de pan. Estos eran canastos de un metro y medio de largo x 0,8m de ancho x 0,50m de alto y con forma de bañera según fuesen billetes o monedas de níquel o de cobre.

El carro era de un solo eje con un asiento delantero y abierto lateralmente podía ser cubierto desde el techo por continuas que supongo fueron de cuero o hule. En su interior y a ambos costados había dos tablas que estaban colocadas a lo largo del carro y poseían cada una entre 4 y 6 agujeros en los que se metían los tarros de leche. Cada tarro supongo que tendría 20 a 30 litros los había grandes y más manuales. Todos eran de chapa de zinc muy limpios y brillantes.

Este vasco bajaba, llamaba a la casa y apoyando el tarro sobre su rodilla que levantaba, volcaba sobre una medida de un litro la leche que después trasvasaba al recipiente que uno portaba. Normalmente la lechera que era un recipiente con una tapa agujereada para que rompiese el hervor de la leche y no se derramase sobre el fuego.

No obstante, el diseño no evitaba, generalmente, que ocurriese dicho suceso. El lechero también vendía a domicilio, la manteca, el dulce de leche, la cuajada (o sea el actual yogur que por aquel entonces solo tenía gusto a cuajada, o sea yogur completo con gusto natural).

A otra hora pasaba el verdulero anunciándose con un grito particular. Este solía ser un carro más grande, similar al que usaba el sifonero, de dos ejes. Queda por recordar el carro del escobero. Éste era un personaje. Aparecía de vez en cuando con un grito también peculiar. Su carro era de dos ruedas.

Pero diría que era imposible de reconocer qué forma tenía porque de una forma parecida a un árbol de navidad lleno de regalos pintaba todos los objetos que un ama de casa podría necesitar escobas, cepillos, sillas, banquitos, plumeros, mesas de planchar, sillones de patio, cestos para ropa sucia, y no recuerdo qué otra cantidad de cosas pudieron ser.

Todos esos caballos eran un espectáculo. Qué entendimiento entre amo y animal. Sabían cuando comenzar a caminar, cuántos metros y cuándo detenerse. Si debían adelantarse hasta dónde lo había hecho su patrón o esperarlo a que él volviese hasta el carro. A veces le hablaban, generalmente no. Pero los animales entendían.

Formaban realmente un equipo. Sus amos los cuidaban y querían como un ser humano que ama a los animales puede llegar a querer a un perro o a un gato. No solo por su afectividad sino porque realmente eran mutuamente dependiente. Los animales eran guardados en corralones, o sea los garages de aquel entonces.

Diría que por aquella época había tantos corralones como garages para autoridades. En la calle Cuenca entre Arregui y Santo Tomé había un corralón que perduró hasta casi 1960 y en la misma calle entre Arregui y Lascano había un garage que por aquellos entonces estaba casi vacío, pero que hoy 1981 continua funcionando pero totalmente repleto.

Al terminar el día cada vendedor llegaba al corralón, donde desenganchaba el carro, y procedía a rasquetear a su caballo, lavarlo y cepillarlo. Después lo llevaba a su pesebre donde procedía a darle su alimentación y bebida. Después lavaba su carro y recién entonces iba a su casa a ocuparse de su propia persona. Pero existían otros tipos de vendedores, aquellos que se trasladaban a pie.

Algún personaje vendía ojos, solamente ajos y portaba de un palo varias ristras de ajos. Estas eran como una soga formada mediante el trenzado de las plantas de ajos. De esta soga prendían los bulbos o cabezas de ajos. Otro personaje era el "pescadero" creo que así lo llamaban dado que no era realmente un pescador.

Tan solo era un comerciante que vendía pescado. Llevaba las merluzas, pejerreyes, bajo una capa de hielo. También él portaba la balanza romana.

En cambio el almacenero se trasladaba con una sola canasta colgada debajo de su brazo. Si el reparto era grande, se trasladaba con un triciclo cuya caja iba hacia delante y el sistema de propulsión igual que una bicicleta quedaba atrás de la caja.

Algunos almacenes solían tener una bicicleta de reparto en que la rueda delantera era más pequeña porque sobre ello llevaba un soporte donde se podía poner la clásica canasta de almacenero o una cesta de nombre de 0,6m x 0,3m para llevar mercaderías. Este último caso era el que usaban los repartidores de café y los de farmacia.

Existía un vendedor que aun para aquel entonces me parecía insólito y extravagante. Vendía pizza y faina. Para ello llevaba sobre la cabeza varias bandejas redondas que sostenía con una mano. En la otra llevaba una mesa plegadiza tipo tijera, que una vez abierto le permitía apoyar las bandejas, las que luego de destapadas dejaban a la vista la pizza o la faina que vendía, gente que pasaba, obreros trabajando o chicos que jugaban solían ser sus clientes ocasionales.

Otro vendedor muy admirado por los niños era el barquillero. Este llevaba un cilindro, generalmente pintado de blanco y de cerca de 1 metro de altura y 40 centímetros de diámetro, colgado sobre el hombro o terciado en bandolera.

Mientras caminaba, hacía sonar un triángulo formado por una barra cilíndrica de acero, al que golpeaba internamente en cada uno de sus lados con otro trozo metálico, para anunciarse cuando los chicos lo paraban descargaba el cilindro y podíamos ver en su base superior un círculo numerado y una crucera que el barquillero hacía girar como una ruleta ante la emocional ansiedad del pequeño comprador.

Y de esta azarosa tentación de la fortuna que solo él había sabido interpretar en sus resultados, levantando la ruleta - tapa del cilindro metía las manos en el mismo entregando al pequeño comprador uno, dos o unos barquillos crocantes.

Otra estirpe eran manicero y el vendedor de lupines. Estos eran generalmente italianos. Los barquilleros sin duda españoles. Los maniceros tenían un cilindro horizontal con una tapa superior lleno de maníes. Debajo llevaban una pequeña calderita que los mantenían calientes. El producto lo entregaban dentro de un cucurucho de papel de diario que lo hacían en el momento de la venta con suma habilidad. Por supuesto los maníes lo vendían dentro de su vaina y no como se los sirve en las confiterías actualmente cuando se pide un vermouth.

Otros maniceros tenían un equipo más sofisticado. Consistía en un carrito de mano con forma de locomotora. La diferencia estaba en la capacidad y comodidad de transporte de la mercadería. Otro vendedor ambulante muy apreciado por los niños era el de manzanas asadas, higos, etc. Llevaba un triciclo con una caja con la parte superior vidriada para mostrar sus golosinas, pochoclo, copos de nieve, etc.

Por las calles se veían pasar mujeres pintando grandes paquetes de ropa, atados con una sábana, haciendo equilibro sobre sus cabezas. Eran lavanderas. Todavía por entonces no se había difundido el lavarropas. Existía el oficio de lavanderas y el de planchadora, amen del servicio doméstico completo. Aun dentro del de planchadora estaban aquellas de alta escuela que planchaban los almidonados cuellos y puños "duros" de las camisas de hombre con la misma calidad y presentación que "de tintorería".

Como no existían los colchones tipo "pullman" o los de "goma pluma" o "poliuretano", todos los colchones y almohadas eran de lana. Estos requerían que periódicamente se los cardase para que la lana se abriese y fuese más confortable al descanso.

Se llamaba al colchonero y éste se trasladaba hasta nuestro domicilio con un extraño vehículo al que traía a empuje. El mismo consistía en una cardadora sobre ruedas a la que se le agregaba encima un enrejado de madera del tamaño de un colchón doble, el que puesto sobre caballetes servía precisamente para trabajar en la fabricación del colchón.

Cuando hablaba de la lluvia comentaba que había calles que se inundaban. Corrían por las mismas, verdaderos ríos de agua. Algunas de estas calles se interponían para ir a su trabajo. En ellas se ponían pequeños puentes de hierro que permitían atravesarlas. Cuando no llovía se las plegaba sobre la vereda (o acera), dado que estaban montados sobre una base giratoria. De este modo se permitía la circulación vehicular.

Después se hicieron las cloacas y los desagües y los pavimentos. Grandes zanjas en el medio de las calles, tuberías, tapado, apisonado y empedrado. Los picapedreros tomaban los bloques de granito y hacían los adoquines y los cordones de las veredas y otros equipos de operarios los iban colocando manualmente formando sectores de semicírculos que después apisonaban con un "pisón" de madera dura.

Entonces comenzaron a pasar de vez en cuando la patrulla en automóvil de la comisaría de nuestra seccional. Iban en un cuadrado Ford A. También seguía la patrulla a caballo que recorría todas las "paradas" o estaciones que tenían los vigilantes del barrio. Durante la noche se oían los silbatos con que los mismos se comunicaban entre sí para notificarse que no tenían novedad.

El traje de los vigilantes consistía en pantalones de montar con botines y polainas de cuero negras hasta las rodillas. Chaquetilla, cinturón de cuero y pistolera. La chaquetilla era cerrada.

El uniforme azul se completaba con una enorme goma del mismo color. Cuando estaban de servicio llevaban mangas sobrepuestas de color blanco hasta los codos y además un cubre sol que colgaba de la goma para tapar la nuca y era del mismo color.

Seguramente había que ser muy valiente para pasearse durante las altas horas de la noche por esas calles sin asfaltar, mal iluminadas con lámparas eléctricas de filamento de tungsteno de 100 Wattios o 150 Wattios colgadas en el centro de cada cuadra y una en cada esquina, con casas con jardines al frente o terrenos baldíos que parecían "bocas de lobo". Pero los vecinos sabían que allí estaban los "vigilantes" cuando oían los silbatos en la distancia.

Además para su seguridad estaba el sereno. Era esta una persona que durante la noche patrullaba el barrio. Iba acompañado por un perro ovejero alemán, llevaba una linterna con la que iluminaba las sombras de los jardines y tocaba los picaportes de las puertas de calle para comprobar si estaban bien cerrados como se suponía lo habían dejado los moradores de la casa antes de ir a dormir. En caso contrario tocaban el timbre para alertar a los dueños.

Por este patrullaje nocturno cobraban una mensualidad. En las noches de verano cuando los vecinos se sentaban a las puertas de sus casas, el sereno hacía su primera ronda saludándolos.

Nunca supe si hacía alguna otra ronda cuando los vecinos se habían ido a dormir en aquellos años 40 de aquel Villa del Parque.

También recuerdo al encendedor de luces cuando caía la tarde hacía su recorrida girando la llave colocada sobre una de las partes de madera que sostenían las crucetas que pintaban los cables de distribución de corriente eléctrica. Su rutina daba la luz a aquellas calles todavía no arboladas.

A unas 8 cuadras de allí estaba la estación Villa del Parque del entonces F.C.B.A.P. o Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico o Ferrocarril Pacífico como simplemente se lo llamaba. Eran épocas de guerra en Europa, la Segunda Guerra Mundial.

Los submarinos alemanes no permitían al tráfico marino de los buques ingleses que tendrían que traer el carbón para las locomotoras a vapor.

Por otra parte los ingleses necesitaban todos sus barcos para transportar los armamentos y abastecimientos que ellos compraban a EE.UU. Sencillamente Argentina sufría desabastecimiento de todo aquello que necesitaba y que traía normalmente del exterior.

No había carbón ni para las locomotoras, ni para las cocinas de los hogares, no había naftas, no había cubiertas para los automóviles, no había medicamentos, etc.

Así fue que la abundancia natural del país y el ingenio criollo fue solucionando cada problema. Los ferrocarriles siguieron andando. En vez de carbón las locomotoras quemaban las cosechas de maíz.

Esas locomotoras parecían carretas de maniceros tirando chispas de pochoclo incendiado a cada aceleración para poder tirar los pesados trenes con una caldera que no engendraba el suficiente vapor por la falta de calorías del combustible empleado. Así los vi pasar por Villa del Parque.

Otra cosa extrañísima fueron los colectivos circulando por las vías de los tranvías. No existían fábricas de cubiertas en Argentina y la guerra (segunda guerra mundial) había producido desabastecimiento. Poco a poco los pocos ómnibus y colectivos se iban paralizando por falta de repuestos de los que se habían detenido definitivamente.

Por último a alguien se le ocurrió reemplazar las ruedas de caucho por ruedas de tranvía y colocar los colectivos en las vías de tranvía para aumentar le frecuencia de estos últimos y paliar así las escasez de transporte.

Así al subir a uno de estos pequeños colectivos de techo bajo, se veía el extraño espectáculo de un chofer que solamente usaba el volante para apoyar las manos, por cuanto la dirección era totalmente controlada por los rieles.

Notas: Ya para ese entonces el granito era nacional. En la década que mis abuelos arribaban a la Argentina el diario La Nación (5-IX-1883) editorializaba la importancia económica del granito argentino continuando una campaña para que con él se reemplazase al importado de Inglaterra con el que se pavimentaba nuestras calles de la ciudad de Buenos Aires.

Ese mismo día los vecinos reclamaban la apertura de las calles "Perú, Chacabuco, Piedras y Tacuarí de Caseros hacia fuera": y el empedrado de Caseros desde General Hornos hasta Bolívar. También ese día tomaba amarras la barca. Oldampt trayendo a Buenos Aires, tres mil adoquines ingleses comprados por la municipalidad de esta ciudad.

Oscar Vega Balzarini habla de su "Abuelo Postizo", Don Aquiles Bertiller

Era casi una figura mitológica. Era lo más parecido al estereotipo de un prócer. Pero por sobre todo era un ser humano, seguramente lleno de defectos, que niño nunca vi. Para mí ese viejo casi maravilloso, que había sabido ocupar discretamente el vacío ocupado por la muerte de mis abuelos, era simplemente "don Aquiles".

Alto, languilíneo, de cabellos canosos, nariz recta, mejillas magras que destacaban sus pómulos, mandíbula afinada y mentón cortado dentro de una cara ovalada que lucía un gran bigote blanco retorcido.

Su figura, no podía dejar de evocar un carácter definido en un pasado de luchas y aventuras. Llegando los sábados, cual figura ritual se lo veía partir al caer la tarde con sus, para mí, extrañas vestiduras. Traje, zapatos con polainas, bastón y capa negra, cuello duro y chaleco del que colgaba la cadena de su reloj de bolsillo, el que marcaba la hora del reencuentro con el pasado.

Sí, porque su destino era el "café de los angelitos", donde seguramente reunido con sus viejos amigos, quedaba hasta bien entrada la noche. Tal vez recordase en algunas de las mil anécdotas que alguna vez contó; como aquello cuando con motivo del litigio con Chile, allá por 1895, unido de su facón de mango de hueso y vaina de cuero, se dirigió a Curámalal integrando la primera conscripción de soldados; o como aquellas atrás que se me desdibujan en nebulosas, de travesías a caballo por la Pampa o por la Patagonia. ¡Vaya yo a saber por donde!

Lo cierto es que este personaje había sido un idóneo de farmacia en grandes droguerías porteñas muchísimos años antes de que yo hubiese tenido conciencia de su existencia.

Era una persona culta, de ascendencia española, de manera de ser agradable y natural simpatía. Por aquel entonces era un viejito travieso que se deleitaba en decir piropos floridos y agradables a las jovencitas que pasaban cerca suyo; pero también tenía la paciencia de los abuelos que escuchan impasibles los proyectos de sus nietos, que descubren por mil millonésima vez la rueda que ya descubrieron ellos mismos en su propia niñez, y sus hijos, y los hijos de sus otros hijos Así los escuchaba.

A mí particularmente me tenía una paciencia ilimitada. Me prestaba sus cajas de "reliquias". Éstas no eran realmente tales. ¡Si lo eran para mí!

Y en esas cajas revolvía y encontraba las cosas más grandiosas que puede encontrar un chico. Una lupa para ver enorme a una hormiga o para quemar el papel. Una lente de cámara fotográfica para creer que veía más grande a Saturno y hacer tablas astronómicas en función de de los días, las horas y el pilar del frente de mi casa! y el sello que decía en letra inglesa AB, o sea Aquiles Bertller.

Y aquella alta biblioteca con puertas de vidrios y detrás de ellos esas cortinas que velaban la intimidad de la sabiduría. ¡Cuántas veces pude hurguetear por allí! Si hasta tenía ganas de aprender francés cuando tenía en mis manos los dos tomos del diccionario francés - castellano encuadernados en fino cuero sobre el que resaltaban las letras doradas.

Recuerdo como si fuera ahora esas noches de verano en que él y "doña Margarita", su esposa, se sentaban a la puerta de su casa Arregui 3333 y yo cruzaba a charlar con ellos. Mientras sus dos perros, uno de pelo corto y otro de pelo largo blanco jugueteaban por las veredas o saltaban la zanja para ir al medio de la calle. Creo que uno de ellos se llamaba Fox. El de pelo largo "Oso".

Y así debió ser porque "doña Margarita" era francesa y existió un mariscal Foch en la Primera Guerra Mundial que fue un héroe francés. Doña Margarita era un persona callada, sin acento en el hablar y yo creo que sabía escuchar, aunque quizá no tenía más remedio, a los dos o tres chicos que nos reuníamos alrededor de don Aquiles.

No puedo precisar cómo me fui desprendiendo de ese imán, pero tampoco puedo precisar a qué edad ocurrió el fenómeno de que la calle de tierra frente a mi casa dejó de serlo para ser una empedrada por la que comenzó a circular el ómnibus 124.

Lo cierto es que crecí y otros intereses me desviaron de las "cajas de reliquias" de don Aquiles. Ya tendría yo unos 23 años cuando mamá me dijo que Don Aquiles estaba en cama. Se había roto la cadera al caerse mientras intentaba su ritual incursión sabatina al famoso "Café de los Angelitos". Lo fui a visitar. Seguía alegre como siempre, pero se lo veía más viejo que nunca con su gorro de dormir Tiempo después se fue para siempre.

Doña Margarita me entregó la herencia de "mi abuelo", como ella dijo. Desde entonces poseo su facón y todos estos recuerdos que me acompañan.

Nota: El facon actualmente (2007) se ha perdido. Quizas en 1987 en la mudanza tras la muerte de mi padre Oscar. Nota del hijo Alejandro

Recuerdos de mi Abuela Paterna Maria Asuncion Reimil Dios

La conocí hasta mis 13 años, época en que falleció. Era de estatura mediana, de cara enjuta, ojos penetrantes, peinado con rodete (como todas las abuelas de los años 30-40) movediza, alegre y matriarca. Una madraza que creó 8 hijos varones y una hija mujer y que ya en su madurez crió a dos nietos (varón y mujer) hijos de su primer hijo varón.

Cierta vez de visita en su casa, estábamos en la sala y los nietos estábamos haciendo lío, nos corrió al patio riéndose al tiempo que nos decía: "¡Al patio puñeteros!" Cada tanto recorría las casas de sus hijos llevando regalos que debía de los cumpleaños de los nietos (éramos 20 de variadas edades).

En una de esas, un domingo, yo en mi cama me hacía el dormido en tanto estaba atento a la conversación que en la habitación mantenían mis padres con la abuela. Papá le decía que no sabía si despertarme para que me diese el regalo o dejarme dormir.

Yo era muy chico y me traicionaba moviendo los pies. La abuela riéndose dijo: "Mirá como mueve los pies dormido." Yo aproveché para "despertarme" y recibir mi regalo. No recuerdo de qué se trataba pero el verdadero regalo es acordarme de aquel episodio.

Un día falleció. Yo estaba en esa edad en que los chicos quieren dejar de serlo sin saber que lo seguirán siendo por unos cuantos años más. Me acuerdo del día. Sé que la sentí pero no valoré todo lo que perdía creo que porque nunca me di cuenta que aun la 1/20 parte de su amor era invalorable.

Así la vida siguió andando y recién ahora lamento no haber logrado que ella me diera el conocimiento de los mil y un episodios que ahora desearía conocer. Con mi abuelo formaron una familia típicamente española, severa, organizada, respetuosa y que se amaban entrañablemente entre sí. Mi abuelo era el patriarca, ella era una matriarca, una madraza española.

1950. Bodas de Plata de Catalina Balzarini Perazzo y Felipe Vega Reimil. Sentada "Nine" esposa de Hector y su hijo Hector Felipe. Arriba a la izquierda el Teniente Hector Vega, a la derecha el Cadete Oscar Vega

 

Oscar en Casa de su Abuelo Juan Felipe Vega
Oscar en Casa de su Abuelo Juan Felipe Vega
Su abuelo paterno, el español Juan Felipe Vega, quien murio el mismo año que Oscar nacio
Su Abuela Paterna, Maria Asuncion Reimil Dios
Oscar en 1934 - a los 2 años de edad
Oscar y un amiguito en los Carnavales de 1935 - Calle Arregui (todavia de tierra) y Campana
Oscar y Amiguitos en los Carnvales frente a la Casa natal de Arregui 3339
La Casa natal de Arregui 3339 hacia 1930
1936 Oscar el mas pequeño con su hermano Hector y su padre Felipe Vega Reimil
Oscar a los 10 años en 1942. Fotografia pintada a mano a la usanza de la epoca.
Oscar y Hector en 1943 a los 11 años
Oscar de vacaciones en Mar del Plata, en 1944, junto a Coco Arvia, amigo del padre.
A los 13 años en el Colegio Nacional - 1945
Sus Compañeros del Primer Año de Secundario - a los 13 años en 1945. Observen los pantalones cortos. Recien a los 14 años se daban los largos.
1946. Foto Familiar: Sentado a la Izquierda Oscar Vega, sigue la madre Catalina Balzarini Perazzo, el hermano Hector en su fiesta familiar por su graduacion de Subteniente. A la derecha el padre Felipe Vega Reimil
1947 - Hector Vega ya Subteniente del Ejercito Argentino y Oscar de 15 años.
1948. Oscar sonrie a una tia.. A su lado Felipe Vega Reimil, su hermano Hector y futura esposa "Nine" Mendoza. Sentada la madre Catalina Balzarini Perazzo e hijo de Hector, Hector Felipe, recien nacido.
1949. Fiesta Familiar. Oscar (el mas alto) disfrazado. 17 años.El padre Felipe, sentado al centro.
 
El caracter de Oscar Vega por su hijo Alejandro E.O. Vega
 

Dejar escrita una semblanza del espiritu de una persona, que quizas sea leida por generaciones venideras, es una de las exigencias mas dificiles que pueda uno encarar. La responsabilidad es enorme por cuanto queda en manos de quien escribe dejar una vision justa y equilibrada.

Puede uno tomar el criterio de hacer una simple descripcion historica de las acciones del personaje en cuestion y, dejar a decision del lector la definicion. Sin embargo una simple descripcion, sin compromiso, no da al lector una semblanza y eso es precisamente lo que se espera leer u oir de alguien que conocio en vida al biografiado.

Tomando en cuenta todo esto y, aclarando que obviamente la vida de Oscar Vega Balzarini sera vista a traves del cristal de mis ojos, corro el riesgo de contarla, aun a sabiendas que puedo llegar a ser injusto o al menos imparcial o impreciso.

Otra cuestion a tomar en cuenta, es que las personas cambian notoriamente a lo largo de su vida, que ciertos aspectos van exagerandose y otros suavizandose; que no es lo mismo una persona a los 20 que a los 30 que a los 50 años y, asi sucesivamente. Dar una semblanza, es congelar en el tiempo un espiritu.

Es como una instantanea que deber resumir toda una "pelicula", toda una vida. Es como un poster publicitario que debe dar una idea acertada de la pelicula que uno vera. Y eso es lo mas dificil.

Mi padre murio el 28 de junio de 1985 hace ya casi 23 años, ha pasado mucho tiempo. Yo tenia 25 años en aquel entonces , ahora 48 años, ya casi tengo la misma edad que cuando el murio. Murio a los 52 años de las multiples complicaciones que derivaron de su enfermedad cardiaca, iniciada a los 38 años con 2 infartos separados por unos 20 dias, ambos estando en actividad laboral. Hace poco, 2 meses atras yo tambien tuve un infarto, con la suerte de ser internado inmediatamente al suceder. Esto quizas me ayuda a comprender un poco su vision de la vida en los ultimos años.

No es lo mismo interactuar con un padre a los 25 años, con toda la inmadurez e inexperiencia, que hacerlo a mi edad actual. Mi padre tuvo esa suerte, puesto que mi abuelo Felipe murio en 1980, cuando mi padre alcanzo los 48 años de edad, mi misma edad actual.

Es decir mi padre pudo dar opiniones muy centradas de lo que habia sido mi abuelo, por cuanto tuvo la ventaja de muchos años de relacion con el y, porque el mismo ya era un adulto con reacciones y opiniones mas centradas y equitativas, que te dan la posibilidad de un encuadre desapasionado.

Mi padre era un tipo extremadamente reservado. Poco o nada se sabia de lo que sentia o pensaba. Nadie deduzca erroneamente, que era alguien callado, por el contrario era muy ameno en sus charlas, que denotaban una muy vasta cultura.

Su pasion eran las sobremesas, donde daba apreciaciones morales, politicas e incluso historicas sobre todo lo que el creia que era opinable y util para la formacion de sus hijos.

Podia hablar de religion horas, pero nadie sabia en que creia y si creia en algo. Podia hablar de politica horas, pero realmente nadie sabia cual era su pensamiento politico real.

No es que fuera confuso, no es que tuviera miedo de expresarse, sino que como el mismo decia "no queria influir en el pensamiento de su hijos". Se limitaba a ser una especie de "Diogenes" con su linterna "iluminando" el pensamiento y la formacion espiritual de sus hijos.

Sin embargo, en cuanto a moral, principios y valores, tenia una posicion extremadamente definida, solida, inamovible, que expresaba continuamente al mas minimo desvio.

Podia tolerar cualquier cosa menos una mentira, una traicion, un despojo, un aprovechamiento sobre los debiles. Tan era asi, que cada vez que yo cometia un desatino tipico de la edad, no solo me caia el "peso de la ley", la sancion, si no que ademas, venia atras la lectura obligatoria de la "Etica a Nicomaco de Aritstoteles" y, por supuesto, interminables discursos sobre la importancia de ser una persona recta...

Llegaba un momento que uno decia "latigo por favor!, latigo!, pero discursos interminables noooo!" dejando la broma de lado, casi literalmente en mi caso yo pensaba eso. Obvio tenia 14, 15 años, nunca a esa edad un adolescente se entendera mucho con su padre.

Era una persona incorruptible. Fue fiel a sus principios y valores hasta su muerte. Creia fielmente en la etica sanmartiniana y la llevaba hasta sus ultimas consecuencias.

De caracter austero, poco dado a los lujos y siempre evitando los excesos. Sin embargo, tuvo un vicio, su unico vicio conocido fue el cigarrillo, caracteristica comun a todos los varones Vega. Todos fumaron siempre y en exceso. el no escapo a esa constante. Fumo hasta el final de sus dias, al menos un paquete diario. En todo lo demas, contenido y medido.

De espiritu estoico, jamas se le escucho una queja ante el dolor. Cualquier dolor para el era nimio. Nunca una demostracion, nunca una exuberancia teatrera. Hasta llego a extraerse dos muelas del juicio sin anestecia, porque no se la podian administrar (en aquellas epocas) por su estado coronario y, no se le escucho ni una queja, ni derramo siquiera una lagrima. Lo irritaban profundamente los hombres teatreros ante el dolor. Siempre daba ejemplo de estoicismo.

Era extremadamente detallista y pulcro, sistematico hasta el limite, con perfiles bastante obsesivos, en el logro de sus objetivos. Tenia una gran habilidad con las manos en todo lo que fuera artes manuales. Pinto, esculpio, armo maquetas de todo tipo. Todo era un motivo de estudio exhaustivo.

No emprendia nada impulsivamente. Si iba a pintar un cuadro en el no se contentaba con chiquitas, tenia que saber todo, tenia que dominar todos los detalles de la tecnica que iba a emplear. Si iba a emplear la tecnica puntillista, el la llevaba a su maxima expresion. Si iba a esculpir un grotesco (que era su pasion), estudiaba todo lo relativo a las tecnicas y los materiales.

Si iba a dedicarse a la fotografia, el no se contentaba con comprarse una buena camara y ya esta, el tenia que llegar incluso a tomar fotografias perfectas de objetos en movimiento, como sus memorables fotografias de gotas de leche cayendo e impactando como meteoritos contra el suelo.

Le gustaba la Opera muchisimo, al igual que a mi madre. el no se contento con escucharla, el tenia que entenderla y junto con mi madre fue a estudiar italiano durante 6 años a la Dante Alighieri, para poder entenderlas. Todo se lo tomaba en serio, nunca superficialmente.

Amaba las artes, en especial, la musica, la pintura y la escultura. Era un erudito en dichos temas.

Recuerdo como ejemplo de como era su caracter que siendo yo un niño se me habia ocurrido que queria un "boomerang". El decidio construirlo. No lo construyo de un dia a otro. tardo mas de 6 meses en hacerlo, porque previamente estudio toda la aerodinamica del boomerang, comprando libros, leyendo cuanta cosa tecnica habia disponible al respecto. Y, cuando finalmente lo hizo, hasta que no obtuvo un boomerang perfecto no se detuvo. Y asi, era con todo lo que emprendia.

No vaya el lector a creer, que esto implicaba que desatendiera sus obligaciones, su trabajo, su vida familiar... no, siempre tenia tiempo, leia a una velocidad sorprendente. Asimilaba informacion a un ritmo superior al normal. Era una maquina de trabajar.

Leia constantemente: todo le interesaba no paro jamas de leer. Soprendia con su conocimiento profundo de Arte, Historia, Politica, Geografia, Matematicas, Ingenieria, etc.

Ya de jovencito mostraba ese interes en sus apuntes constantes de los temas que iban cautivandolo, con solo dar un vistazos a "Sus Escritos" se comprende rapidamente su espiritu inquisidor.

Era un hombre muy serio, elegante y de muy buen gusto, que rechazaba el humor chabacano. Gozaba de una fina ironia y un humor siempre chispeante.

Nunca decia una mala palabra, tenia un lenguaje muy refinado y una lengua muy afilada para disparar todo tipo de argumentaciones, que salvo raras excepciones, eran irrebatibles.

Sus argumentaciones, siempre eran contundentes, porque tenia una memoria deslumbrante para seguir una conversacion. Conservaba casi literalmente en su cabeza todo lo que iban diciendo los distintos interlocutores y, un experto en la busqueda de la contradiccion y del error.

Detectaba rapidamente las falacias, las mentiras, los razonamientos equivocos y daba respuestas contundentes, basadas tambien en su enorme cultura.

Conocedor del espiritu humano, era muy dificl engañarlo. sabia todo lo que hay que saber para tratar con las personas y, a medida que envejecia, esa sabiduria de vida se incrementaba. Sin embargo, ese espiritu sensible le jugaba en contra muchas veces, porque a mi entender en cuestiones afectivas daba mucha trascendencia a las cosas. En dicho aspecto siento que el y yo eramos muy diferentes. El tendia a darle mucha trascendencia a las cuestiones afectivas, yo aun hoy en dia tiendo a minimizarlas.

Oscar era un romantico, quizas por su espiritu artistico. Un hombre que se deleitaba con la poesia, con la pintura, con el arte en general. Alguien que disfrutaba con los detalles de una buena comida o de un buen vino, al cual sebia degustar y diferenciar (obviamente como el lector se imaginara, sabia todo lo que hay que saber de vinos y de buena comida).

Segun su propia madre, su caracter era muy parecido al de Juan Felipe Vega su abuelo.

Algunos afirman que mi propio caracter tiene algunos puntos de contacto con el de mi abuelo Felipe Vega, padre de Oscar. Pero no se trata esta semblanza de mi, sino de el. Sepa el lector disculpar. A veces, quienes no nos creemos muy habiles para la escritura, nos vemos obligados a compararnos para poder expresar una idea

Oscar a los 42 años frente a uno de sus cuadros. 1975
Oscar a los casi 53 años en 1985
Oscar con sus cuñados: Ernesto Franchi y Hector Prado
Oscar en 1985 con su yerno Oscar Garcia y el perro de la familia "Olaf"
Oscar en su casa de Zamudio 4685 - 1985
Oscar con Lilian su señora en casa de la suegra 1977
Oscar en 1982 en uno de sus viajes al sur
Oscar en 1984.
 
Su Obras - Su Humor - Sus Pasatiempos
 
Algunas de las Pinturas de Oscar Vega

Toda expresion artistica como ya he dicho caia dentro del area de su interes: la pintura, la escultura, el dibujo, la fotografia, la musica, llamaban poderosamente su atencion. Muchas de esas obras se han perdido, como por ejemplo las fascinantes fotografias que realizaba de detalles como una gota de leche impactando contra el suelo y tantas otras, que requerian un gran profesionalismo tecnico. Otras se encuentran muy deterioradas (como sus esculturas grotescas).

Le gustaba cantar, pero sabia que desentonaba. Sin embargo adoraba las reuniones familiares aquellas donde se tocaba la guitarra y todos aullabamos como perros; aquellas donde se hacian grabaciones en joda y de las cuales hay multiples ejemplos.

Le gustaba mucho coleccionar. Desde su niñez colecciono recortes de diarios (de la segunda guerra mundial), estampillas, monedas, cuadros, fusiles, pistolas, cuchillos, ceramicas, grabaciones de audio. Hasta coleccionaba los discursos grabados de los Politicos Argentinos para que lloraran o rieran las generaciones venideras. Desde Peron hasta Alfonsin, pasando por personajes funestos como Lopez Rega, Videla o Galtieri, grabo todo. Incluso todos los comunicados de las Juntas Militares, que gobernaron Argentina desde 1976 hasta 1983, las grabaciones radiales de Radio Colonia ( la unica radio que escuchaban los argentinos "para enterarse de lo que esta pasando" ) durante la Guerra de Malvinas, etc.

Se notaba en su forma de ser y en sus pasatiempos, que le gustaba coleccionar cosas del pasado, para que de alguna manera quedara algun rastro de esos tiempos. El era muy conciente que la memoria de los argentinos es muy mala y que, pasada una generacion todo ese pasado desaparece.

El fue quien inicio toda esta busqueda del Arbol Genealogico. El fue quien comenzo a entrevistar a todos los ancianos de la familia, a contrastar datos, a reunir informacion. Yo solo he ordenado todo esto, poniendolo en un marco de pagina web y dandole todo el apoyo visual y auditivo, cumpliendo la promesa que le diera dias antes de su fallecimiento.

Coleccionaba libros de todo tipo y, en sus ultimos años, libros de obras pictoricas y esculturas "para mostrarle a mis nietos si vienen a visitarme". Esta idea la habia sacado de su propio padre Felipe Vega Reimil.

Felipe habia comprado una Enciclopedia y una Radio Zenith "Siete Mares" (de onda corta) que solo dejaba tocar a su nieto preferido (tenia 4 nietos), quien no era otro que el que escribe. Esa idea le habia dado resultado al viejo Vega y Oscar la llevo al extremo comprando colecciones de libros que nunca fueron usados, porque murio un año antes del nacimiento de la primera de sus 5 nietos.

Que no hubiera dado Oscar por conocer a sus nietos! Si solo esperaba eso, tenerlos para darles todos los gustos.

Otra de las cosas que le apasionaban era viajar. Viajo mucho por todo el pais, repetia muy seguido los viajes hacia las provincia de Tucuman, Salta, Jujuy, Mendoza y San Juan, las cuales disfrutaba mucho por sus remembranzas coloniales. Demas esta decir que otra de sus pasiones artisticas era la arquitectura, de la cual por supuesto conocia todos los estilos.

Tambien realizo un viaje a Europa: a España, Francia e Italia. Viaje que planifico durante casi dos años y cuyo principal objetivo era conocer sus Museos, su Arquitectura y su Cultura en General. Ni se imaginan el grado de detalle que alcanzo en sus estudios preliminares del viaje: para cada lugar que iba ya tenia preparado un completo estudio del mismo. El no iba al Louvre (por ejemplo) a mirar. Sabia exactamente que iba a encontrar y la historia de cada una de las obras. Como dije, nada era improvisado por el.

Existen muchas grabaciones que han rescatado la voz de Oscar Vega, y que hemos digitalizado a partir de los originales que eran cintas magnetofonicas (de las que ya casi ni existen) de hasta 4 horas de duracion por lado. He agrupado esas grabaciones por tematica. Son mas las que se hicieron en tono festivo o de chanza y, por ende las que mostraban su perfil humoristico. Aqui, agrego un listado de links donde se pueden descargar.

Grabaciones Satiricas
Cabe aclarar que son grabaciones hogareñas, tomadas a principios de los años 70` y seguramente no causaran gracia o resultaran aburridas hoy en dia. Pero lo interesante es que son una muestra de como Oscar gastaba su tiempo libre tratando de hacer mas felices a traves del humor a sus hijos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grabaciones Familiares
La mayoria de estas grabaciones fueron realizadas de ex profeso por Oscar, para perpetuar las voces de los distintos familiares que el sabia que tarde o temprano dejarian de existir por cuestiones de edad. Es asi que se pueden escuchar las voces de sus propios padres, incluso hablando de sus propios antepasados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grabaciones de los Soldados de Oscar
Al reves de la mayoria de los Oficiales, a mi padre le gustaba compartir con personal subalterno que tuviera las mismas inclinaciones culturales que el tenia. Es asi que se hizo amigo del Suboficial Mayor Jaime y de dos soldados, los cuales en las horas libres del servicio, interpretaban las canciones que Oscar componia y las de ellos. Todan fueron grabadas en cintas magnetofonicas de un viejo grabador Geloso y, por ende las calidades son muy bajas. Estamos hablando del Año 1969.

Texto de una de sus Zambas

"Cuando salga la Luna, tras las penumbras que deja el Sol,

yo te estare esperando, con la impaciencia que da el Amor,

yo te estare esperando con la impaciencia que da el amor.

 

Estribillo

Ya vendra, llegara a mis brazos su candor

a ofrecer y buscar de los besos el sabor,

a ofrecer y buscar de los besos el sabor.

 

Cuando mi niña llegue, hacia sus brazos yo correre

y en un beso profundo, toda mi alma le entregarare

y en un beso profundo, toda mi alma le entregare

 

Estribillo

Ya vendra, llegara a mis brazos su candor

a ofrecer y buscar de los besos el sabor,

a ofrecer y buscar de los besos el sabor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la Izquierda:

"Situacion Controlada" narra el instante en que un Guardia Turco de Frontera comodamente apoltronado en su silla, con una jarra de vino a sus pies, apoyado contra un arbol pelado (lo cual indica un remoto paraje de la frontera), aplasta una araña que ha asustado mucho a su perro, mientras un loro en el arbol sostiene su espada en su mano derecha sostiene el fusil y en la izquierda su pipa.

La espada y el fusil se han perdido y la base del conjunto tambien. Al igual que el colorido original, que como todos los otros grotescos eran de colores "pasteles" armoniosamente combinados siguiendo los patrones de una tabla de tonalidades.

Marina de Oscar Vega, pintada en 1964 al pincel y luego repintada en 1982 con tecnica puntillista.
Cuadro de 1982 de Oscar Vega, pintado en una tecnica de espatula. Es una calle de Sevilla.
Grotescos hechos en Masilla Epoxica
Estos grotescos fueron fotografiados ya en un estado muy deteriorado en 2008. Sus fechas de realizacion fueron entre 1980-1983. La esmerada pintura en acuarela ya habia perdido su color y gran parte de cada conjunto destruido por el maltrato.
Esta cara de Centurion Romano fue su primer grotesco y lo hizo para estudiar la factibilidad del uso de la Masilla Epoxica en pequeñas escultura. Por esa epoca, 1977, la masilla epoxica habia salido al mercado y todavia no era utilizada en escultura como hoy en dia.
Cabeza de "Tranpa". Tratse de un jugador de Poker que ha sido sorprendido en una trampa.
Cabeza de "Trampa. Detalle.
Se han perdido los dedos de la mano, el puñal sobre la mesa, el sombrero, varias cartas de poker y el soporte original de la mesa. Todo el conjunto media unos 60 cms de altura.
"Maldito Paracaidas Nunca se Abre!" Representa las desventuras de un paracaidista que se es "fotografiado" en el instante mismo del impacto contra la tierra. Observense los detalles de los brazos alargados, los zapatos rotos por efecto de los pies que se expanden por el impacto, la cara y el craneo alargado con el casco alejandose hacia la coronilla. La sensacion de movimiento y de impacto es patente en esta pequeña obra de 40 cm de altura.
Se ha perdio la mochila del paracaidas que estaba atada al cinto en la espalda.
El "Domador" que intenta convencer al Leon, quien se rie a mas no poder, con su latigo, que suba a un soporte de circo. El soporte, el latigo, el puñal y el revolver, al igual que el brazo izquierdo del domador se han perdido. En el conjunto original el leon miraba hacia el domador. aqui ambas piezas fueron puestas de frente para apreciarlas.
Detalle que muestra la cara de rabia, obstinacion y sorpresa del Domador de Circo. Los colores originales se encuentran muy deteriorados.

 

A la derecha y arriba: "Situacion Controlada" narra el instante en que un Guardia Turco de Frontera comodamente apoltronado en su silla, con una jarra de vino a sus pies, apoyado contra un arbol pelado (lo cual indica un remoto paraje de la frontera), aplasta una araña que ha asustado mucho a su perro, mientras un loro en el arbol sostiene su espada en su mano derecha sostiene el fusil y en la izquierda su pipa. La espada y el fusil se han perdido y la base del conjunto tambien. Al igual que el colorido original, que como todos los otros grotescos eran de colores "pasteles" armoniosamente combinados siguiendo los patrones de una tabla de tonalidades.
Arriba: detalle de la Cara Asustada del perro del Guardia.
A la Izquierda:

"EL Boxeador" Muestra el instante en que un boxeador es noqueado por el trompazo directo del contrincante. El conjunto (muy deteriorado) incluia al "noqueador", quien era un negro muy muscoloso y figura principal del conjunto. Lo gracioso era que el negro tenia incrustado su puño en la cara del noqueado (solo ha sobrevivido el puño del negro) y que tenia apoyado su pie (con seis dedos, otro detalle) en el abdomen del boxeador blanco y su brazo y mano izquierda, aferrando el brazo derecho para tratar de sacar el puño incrustado de la cara del blanco.

De lo poco que ha sobrevivido de este conjunto, observen la frente expandida hacia arriba por el tremendo tortazo y la boca torcida con la lengua afuera del boxeador blanco. Otro detalle era que la cara del negro mostraba una risa incontrolable por la situacion desgraciada de su contrincante.