Arbol Genealógico Vega
Felipe Vega Remil - 08 de Octubre de 1901 - 31 de Enero de 1980
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Anecdotas Escritas por Oscar Vega Balzarini 1932-1985, basadas en los relatos oidos de boca de Felipe Vega Reimil COSAS DE COMITÉ Allá
por lo años 1920 mi padre, como la mayoría de sus hermanos,
era socialista (sin duda esa ideología política expresaba
el pensamiento de mi abuelo paterno. Este era nacido en Salamanca, provincia
que se encontraba dentro de la zona de mayor difusión, a finales
del siglo XIX, del socialismo español). (ver gráfico LXIII). Oscar
(Vega). 12-I-88 UN CALMANTE, SR. IDÓNEO
Estaba otra vez en Puerto Nuevo. Esta vez por culpa de la mala suerte! -
A mí me gustaría que me mandaran a un acorazado. Él
los escuchaba. Ya había pasado por esos preliminares cuando había
ingresado a la Escuela de Radiotelegrafistas de la Armada. -
Atención - gritó el Suboficial - formen tres filas enfrente
mío. Pasó lista mientras un Oficial observaba la escena
desde una decena de metros detrás de él. Después,
el suboficial le presentó a éste a los nuevos "reclutas". Comenzaron
a salir uno, dos, tres. - Estudiantes de farmacia ¡al frente! - . Nadie se movió. - Idóneos de farmacia o bioquímicos ¡Al frente! - . Ahora
o nunca! Ahroa o Martín García! Irracionalmente dio un paso
al frente. Ya el suboficial le estaba tomando el nombre: Felipe Vega Reimil. -
¡Arriba! - ordenó el Suboficial. La voz lo arrancó
del profundo sueño en que había caído. Una hora después después estaba en la Farmacia. En ese mismo momento sus compañeros de ayer estaban en el Destacamento Martín García. -
Cómo te llamas? - la pregunta lo sacó de sus reflexiones. Los conscriptos de la clase 1900, la anterior, lo recibieron bien. ¿De dónde sos? ¿De qué cuadro? La presentía la venía venir -
¿Dónde trabajaste? La
llegada del farmacéutico, un viejo oficial de Marina interrumpió
el diálogo. - Vamos a limpiar. Así,
pasó el primero y segundo día. El local comenzaba a brillar.
Cada vez que alguien llegaba se metía de cabeza (datos incompletos)
UNA BROMA DE OFICINA Cuando
los FFCC eran ingleses (hasta 1947) el actual FC San Martín, se
llamaba "FC de Buenos Aires al Pacífico", y con el tiempo
simplemente "FC Pacífico". Por la época de esta
anécdota mi padre era empleado de la Oficina de Personal. Esta
tenía su edificio en la vieja estación Palermo (la cual
es la actual estación de Cargas que se encuentra en el mismo plano
de la Avenida Juan B. Justo, sobre la playa de maniobras que limita la
Avenida Santa Fé. Posteriormente en los años 1940 se trasladó
a sus actuales oficinas que están en el primer piso del edificio
cuyo frente da a la Av. Santa Fé, entre Av. Juan B Justo y la calle
Oro). 1.
Bustamante diría que lo había ganado en "Condal". Los
pasos 1 y 2 sucedieron según lo planeado. Fue entonces cuando el
gallego tomó la decisión. Se apersonó a mi padre
y le dijo de improviso: Allí terminó la conversación, retirándose el ordenanza acosado por la ambición, la duda si le estaban negando la verdad de una hermana que conseguiría el ansiado "siete". Fue así que al día siguiente vuelve a la carga. - "Sr. Vega si yo le digo quien me dijo lo de su hermana, ¿Ud. Me consigue el Siete?" Luego de la imaginable teatralización que realizó mi padre para ambientar la escena, le contesta: - "Está bien, decime quien fue y yo te consigo el número A ese tipo le voy a romper el alma!". A pesar del temporal que presagiaba la respuesta la ambición del personaje pudo más y respondió: - "El Sr. Arbia". Fue entonces que mi padre le dice: -
"Seguime" - y repite lo mismo al pasar al lado de Arbia, mientras
se dirigía al baño. Al llegar allí lo encara a Arbia: Arbia, captando la "circunstancia", se dio vuelta hacia el gallego y a su vez le da un cachetazo, mientras sale del baño siguiendo a mi padre, le dice al supuesto causante del lío: - "Así aprendés a cerrar el pico!". Pero la cosa no termina ahí. Días después el pícaro gallego se presenta a reclamar el cumplimiento del contrato. -
"Sr. Vega, ¿se acordó de pedirle a su hermana el "siete"?". En
la oficina había un compañero cuyo "hobby" era
imitar firmas. Como es de imaginar a partir de un verdadero número
17 de la serie "Condal", se realizó un "siete"
borrando el uno y colocando en ese lugar la firma de Sarnjurjo, dueño
de la fábrica de cigarrillos. - "Nadie, lo saqué en un atado". Por
último, el empleado no tuvo más salida que decirle al empecinado
gallego que había sido víctima de una broma. Y que por esa
razón no le podía entregar el reloj. - "Sr. Vega, yo le voy a contar a Mister Noonan lo que ustedes me hicieron".
- "Ni se te ocurra, porque te voy a romper el alma". Otra decía: - "Mister Noonan se va a enterar que diariamente firmás una hora después de la que te corresponde". Y otra: - "Además que vendés té en la oficina". El
gallego era pícaro
¡ABRA! ES LA POLICIA Siendo muy jovencito, mi padre, se inició como telegrafista en el F.C.O (Ferrocarril Oeste Actual Ferrocarril Sarmiento). Su destino fue el interior del país. Ya a los quince años era encargado de la Oficina de Telégrafos en una estación teniendo bajo su dependencia a dos telegrafistas de alrededor de 40 años. Ello debido a su capacidad técnica y a su responsabilidad en el trabajo. Tiempo después rindió los exámenes correspondientes y obtuvo su ascenso a "Auxiliar de estación" y junto con ello se destinó a la estación de Gral. Viamonte (50 km al sur de la ciudad de Junín) en el Centro de la provincia de Bs. As. Estoy hablando alrededor de 1919. Por ese entonces la actual ciudad no era más que un pueblito cuya estación ferroviario daba salida a la producción agrícola-ganadera de la zona circundante. Mi padre tenía por entonces menos de veinte años y dormía en la misma estación. Su función equivalía a la de segundo jefe de estación, y como tal debía permanecer en servicio en oportunidad en que pasasen los trenes nocturnos, tanto de pasajeros como de carga. Esto además de las funciones durante el turno diario. Una
noche, alrededor de las 2 de la mañana una hora después
que pasara un tren de carga que allí no se detenía, se encontraba
durmiendo sobre el mostrador de la oficina a la espera del próximo
tren que pasaba alrededor de las seis de la mañana. El brusco despertar lo enfrentó con un hombre alto y fornido, con botas, bombachas y un pincho sobre los hombros. _¡Despertate chiquilín! ¡Vos durmiendo y el tren acaba de atropellar a un paisano! Era el comisario del pueblo. Este personaje era el dueño del pueblo y para serlo, como todos los que lo eran en aquella época, era por sobre todo un político. Como tal había sido nombrado comisario y por serlo era respaldado absolutamente. Se sabía que anteriormente había sido comisario en Rosario, de donde le habían aconsejado alejarse lueg de que matara a un hombre. _"¡Seguime!" -y salió de la oficina escoltado por dos guardaespaldas. Mi padre lo siguió sin poder responder nada. Caminaron por las vías y los faroles a kerosene iluminaron un cuerpo que había sido cortado por el tren. Dándose vuelta hacia mi padre, el comisario gritó. _"Corré a llamar al farmacéutico, para que haga el certificado y te quedás en la estación." Así lo hizo mi padre. Además despertó a su jefe de estación para que hiciera las comunicaciones a las autoridades ferroviarias y lo ayudó a labrar las actuaciones que indicaban los reglamentos de la empresa para casos como este. Al día siguiente al occiso lo habían sacado de las vías y se lo enterró esa mañana en el cementerio del pueblo. El farmacéutico hizo el certificado de defunción y el mundo siguió andando. Como lo hizo ese tren que pasó cuyo maquinista no oyó el grito de la persona que supuestamente atropelló. Sencillamente no lo oyó porque los muertos no gritan Esa
persona había muertos horas antes de un palazo o de varios que
recibió en la cabeza por haberse atrevido a ganarle un juego de
cartas por dinero al comisario del cuento. |
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Anecdotas
de Felipe Vega Remil - Sus propios relatos
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